Nairobi / IPS

Casi una quinta parte de toda la comida del mundo acaba en los cubos de basura de las casas, los restaurantes y otros servicios alimentarios, y no solo en los países ricos sino también en los pobres en desarrollo, mostró un informe divulgado este viernes 5 por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma).

Unos 931 millones de toneladas de alimentos, o 17 por ciento del total de los disponibles para los consumidores en 2019, terminaron en los basureros.

El peso de esos alimentos equivale a 23 millones de camiones de 40 toneladas completamente cargados, que puestos en fila darían siete vueltas a la Tierra.

Cada año se desperdician 121 kilos de alimentos por consumidor y, según el estudio, 11 por ciento del desperdicio se produce en los hogares, cinco por ciento pierden los servicios de alimentación, y dos por ciento los establecimientos minoristas.

Una de las conclusiones más llamativas del estudio es que no se observan grandes diferencias entre países ricos y en desarrollo. Nigeria es uno de los países del mundo donde más comida se tira en los hogares, con 189 kilos per cápita al año, o 164 en Ruanda y 119 en Tanzania, comparados con los 59 de Estados Unidos.

Por regiones, el mayor desperdicio se registra en Asia occidental y áfrica al sur del Sahara, con 110 y 108 kilos por habitante al año, El sur de Europa (90) desperdicia más kilos que el norte (74), el sureste de Asia pierde 82 kilos por habitante y América del Norte 69.

En América Latina y el Caribe el desperdicio es de 69 kilos por habitante al año. Superan la media México, que desperdicia 94 kilos, Haití 83, Bolivia, Honduras, Nicaragua y El Salvador 80, Chile y la mayoría de islas del Caribe 74, Argentina, Cuba y Venezuela 72, y Colombia 70.

Los países de la región con relativo mejor comportamiento son Belice, donde el desperdicio es de solo 53 kilos por habitante al año, y Brasil, con 60.

Marcus Gover, de la oenegé británica Programa de Acción sobre Residuos y Recursos (WRAP, en inglés), observó que “durante mucho tiempo, se asumió que el desperdicio de alimentos en el hogar era un problema importante solo en los países desarrollados”.

Sin embargo, “con la publicación del informe sobre el Índice de desperdicio de alimentos vemos que las cosas no son exactamente así”, añadió.

El Pnuma destaca que con 690 millones de personas afectadas por el hambre en 2019, un número que se espera aumente drásticamente con la covid-19, y 3000 millones que no pueden pagar una dieta saludable, los consumidores necesitan apoyo para reducir el desperdicio de alimentos en el hogar.

Además de contrastar con el hambre en el mundo, todo ese desperdicio tiene importantes efectos ambientales y un fuerte impacto en el cambio climático.

Por ejemplo, en un momento en que la medidas para frenar el calentamiento global aún están rezagadas, entre ocho y 10 por ciento de las emisiones totales de gases de efecto invernadero están asociadas con alimentos que no se consumen, si se toman en cuenta las pérdidas que suceden antes del nivel del consumidor.

“Disminuir el desperdicio de alimentos reduciría las emisiones de gases de efecto invernadero y la velocidad de la destrucción de la naturaleza que resulta de la conversión de la tierra y la contaminación”, dijo Inger Andersen, directora ejecutiva del Pnuma.

Al mismo tiempo “mejoraría la disponibilidad de alimentos y, por lo tanto, reduciría el hambre y ahorraría dinero en un momento de recesión mundial”, agregó.

Por eso aseguró que, “si queremos tomarnos en serio la lucha contra el cambio climático, la pérdida de la biodiversidad, la contaminación y los residuos, entonces las empresas, los gobiernos y los ciudadanos de todo el mundo deben hacer su parte para reducir el desperdicio de alimentos”.

La meta 12.3 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas busca reducir a la mitad, para 2030, el desperdicio mundial de alimentos per cápita entre los minoristas y los consumidores, y reducir las pérdidas de alimentos a lo largo de las cadenas de producción y suministro.

Según Gover, con estos datos, en los nueve años que quedan para lograr ese objetivo de la Agenda 2030 está claro que no se alcanzará si no se toman medidas para rastrear el desperdicio de alimentos y diseñar estrategias nacionales para evitar esas pérdidas en todas las fases de la cadena alimentaria.