La dictadura se caracteriza por prescindir del ordenamiento jurídico y de imponer su «autoridad» o capricho, y viola lo que queda de las leyes, incluso las que impone o propagandiza el dictador. Tal descripción es justa como anillo al dedo, tanto por lo actuado por la Presidencia de la República de El Salvador en menos de dos años, como por la próxima legislatura cuya mayoría es del partido oficial.

El brevísimo recuento de lo actuado por la Presidencia, es decir, desobediencia de la Constitución de la República, desobediencia de los mandatos obligatorios de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, la total ausencia de transparencia o rendición de cuentas de los gastos públicos, promoción del odio, demagogia pura, retener los fondos obligatorios para las alcaldías, funcionarios inútiles, corrupción manifiesta, coronado con el asalto militar y policial a la sede de la Asamblea Legislativa e insultos, amenazas a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, la descalificación de la historia reciente del país, la negación a entregar los archivos militares relacionados a las masacres, intervención en las elecciones pese a tenerlo prohibido, abusos a la prensa, amenazas a la libertad de Expresión, pésimas relaciones internacionales, abandono de la representación diplomática, distorsión de la misión de la Fuerza Armada y de la Policía, protección a delincuentes, persecuciones, economía endeudada... repetimos, este brevísimo recuento nos da la idea de lo que se le viene encima al pueblo salvadoreño a partir del primero de mayo. Los grandes sucesos proyectan sombra.

Muchas organizaciones, centros de estudio, ciudadanos, iglesias, están advirtiendo sobre el futuro de El Salvador, y coinciden de que ya estamos viviendo el verdadero retroceso en todos los sentidos, tanto como Nación, como en las aspiraciones particulares, no tenemos porvenir para nuestros hijos, para nuestra juventud, por ejemplo.

La construcción verdadera de la Patria no se realiza de la manera que lo hace el presidente Nayib Bukele, por ello está lejos, demasiado lejos, de dejar un país como todos lo deseamos: en verdadera democracia, en paz, tolerancia, bajo el imperio del Derecho, limpio, en pleno desarrollo, con líderes en verdad preocupados por la dignidad, educación y bienestar de la población.

La Democracia en El Salvador está viviendo en lo más bajo, no nos cabe la menor duda al afirmarlo, y muchos años pasarán antes de reparar los daños realizados y más en avanzar hacia los ideales señalados. Esto se llama retroceso.

El presente «gobierno» se caracteriza por la total ausencia de planificación, es «gobierno» reactivo, es decir, reacciona a lo que se le presenta sin más ni menos, es incapaz de tener planes propios y efectivos, de sobra es sabido que las «obras» que ejecuta son proyectos del gobierno anterior, que ninguna tiene el sello propio de la Presidencia actual y que la única «obra» suya fue un puente mal hecho.

Esta inutilidad es propia de la dictadura, que encubre sus fracasos e inutilidades con discursos, cortinas de humo, desvíos de atención, rimbombancias de tambor: sonoras pero huecas en el fondo.

Y claro, la culpa de lo que sucede será de los mal llamados opositores o «enemigos» del régimen pasados y presentes.

El pasado se repite, como antes, bajo la máscara de la «democracia», habrá que formar nuevos instrumentos políticos, nuevas formas de lucha, nuevas formas de organización, nuevas formas de luchar contra la demagogia del régimen y nuevas maneras de comunicación para que la población se entere del error cometido y de la locura en que cayó.

Ya no valen los partidos con la ortodoxia ideológica llena de polvo y corroída por el tiempo, ni personajes, muertos de hambre, que utilicen el engaño para acceder al poder y regodearse con los dineros públicos. El carro del futuro no se jala con viejos bueyes.

La democracia en El Salvador tendrá que esperar mejores tiempos construidos bajo la batuta del atraso, y es hasta entonces que podremos cantar y asegurar «de hijos suyos podernos llamar...». Por ahora es deuda pendiente.