Desde los inicios de la actual presidencia de El Salvador, poco a poco se fue consolidando el Estado represivo y fallido, cuya reciente acción es la aprobación de parte de la Asamblea Legislativa, dominada por el partido oficial, de la ley que prohibe y castiga las manifestaciones, seguida de otra que pretende castigar las manifestaciones o críticas en las redes sociales.

Desde el desprecio total por la Ley, pasando por la pudrición de las instituciones estatales, como la policía y el ejército, eliminando todo control del manejo descarado de los fondos del Estado, la persecución política, la imposición de leyes impopulares, la persecución a periodistas, destrucción de bibliotecas, practicar la galopante corrupción, negociar con delincuentes, endeudar al país, mentir sin escrúpulos, hasta la inutilidad para gobernar y la inmadurez del presidente, adueñado de la Fiscalía General de la República, la Corte Suprema de Justicia, la Asamblea Legislativa, el Tribunal Supremo Electoral, colocando en puestos claves a personajes obedientes y sumisos, algunos con pasado dudoso, otros sin la capacidad para lo que demanda la plaza, El Salvador es, sin lugar a dudas el mejor ejemplo del verdadero Estado Fallido.

Si el, ahora dictador y sus secuaces, creyeron que el populismo y la falsa presunción del respaldo popular electoral, les dieron libre albedrío y un cheque en blanco para hacer de las suyas se equivocaron en todos los aspectos y de largo a largo.

La historia de El Salvador, que la dictadura pretende borrar, está llena de rebeliones, que son la cúspide del descontento y de las ansias de libertad. Tarde o temprano la población se da cuenta que le han tomado el pelo, que sobre sus espaldas los aparente poderosos recargan todos sus errores, sus desatinos, sus caprichos, sus falsos ideales, sus delirios de grandeza. La diferencia está en que esta vez no fue tarde, sino temprano el darnos cuenta de la falsa máscara del régimen y sus asociados.

Es así que, si dudas, son inevitables las manifestaciones actuales. Decirle al régimen sus defectos y verdades, es querer curar un cáncer antes que llegue a la metástasis, que sea generalizado y lleguemos a lo peor. Y no importa lo represivo que sea el régimen, la población ya llegó al límite de su aguante, igual que en el pasado.

La respuesta del régimen a las protestas es repartir dinero, tal como lo anunció, ¡como si eso fuera lo que demanda la población!

La población demanda, ante el retroceso del país en todos los sentidos, transparencia en el manejo de los asuntos públicos, rendición de cuentas, alto a la corrupción, gobernanza real, planes reales de combate a la delincuencia, respeto a la Ley, a los Derechos Humanos, atención verdadera a la Educación, Salud, Economía, alto al militarismo, alto a la represión, libertad de expresión, empleos, dejar de generar leyes represivas, un gobernante con la madurez suficiente para no jugar con tuiter dedicarse a gobernar, y un largo etcétera cuyo fin es la gobernabilidad y un buen futuro para nuestros jóvenes, para los niños, que son el futuro de la Patria.

No tenemos nada de eso. La dictadura nos retrocedió a «república banana», como fueron llamados los países del trópico latinoamericano que fueron sometidos por dictadores con apoyo de las oligarquías retrógradas locales y por Estados Unidos, y que significaron pobreza, represión, asesinato de la población, atraso en todos los sentidos para el avance como Nación hacia un futuro común, por más que anunciaran prosperidad para todos en todos sus desmanes. Ya tuvimos suficientes lecciones de la historia como para darle paso a un régimen tirano bien identificado por más máscaras que se ponga. Sus mentiras son viejas y las conocemos.

Si el dictador y sus secuaces, al menos supiera leer, estaría enterado que los dulces envenenados que le tira al pueblo, otros le llaman cortinas de humo, ya nos los tiraron antes y que por eso su fatídico rostro, cual rostro de Dorian Grey, se pudre en secreto, junto al basurero de la historia.

Las protestas son la mejor demostración de que algo huele a podrido en las esferas del poder y que ese efluvio ya subió tanto que es insoportable.

También esos empresarios detrás del régimen son responsables de lo que está por venir. Si para ellos el régimen les está haciendo un Estado a su medida o explotan la cercanía al régimen, creen que están en su viejo sueño anticomunista y antihistórico o que son los abanderados de la prosperidad, también se equivocan de larga a largo. Ya los conocemos porque el pasado histórico de atraso y mentiras también pesa sobre sus espaldas.

Es preocupante que la dictadura, cumpliendo con los mismos pasos que nos llevan al atraso en todos los sentidos, siguiendo la ruta de las sangrientas dictaduras, quiera llenarse de sangre y llevar el luto a los hogares salvadoreños, en especial de los que empiezan a luchar por enderezar el camino torcido en que nos han metido y que se empeña en llevar.

La población tiene toda la razón y todo el derecho a protestar, sea en las calles o por las redes sociales, el Estado fallido y represivo es un hecho. La historia, tanto reciente como pasada nos demuestra que reprimir en la creencia de salir impunes de sus delitos y seguir en la ruta equivocada endurece las luchas populares.

¡La razón nos asiste!