El 5 de enero de 1822, la Junta Provisional de Gobierno en Guatemala aprobó la anexión de Centroamérica a México. Habían pasado escasos tres meses desde la independencia de España. De ciento setenta ayuntamientos de las provincias centroamericanas, solamente dos rehusaron anexarse. Las provincias rebeldes eran San Salvador y San Vicente1.

En junio del mismo año, San Salvador fue invadida y saqueada por el ejército de Guatemala. Sin embargo, las tropas de Manuel José Arce derrotaron y expulsaron a los invasores rápidamente. En diciembre, ante la amenaza de una nueva invasión por parte del ejército mexicano dirigido por Vicente Filísola, la Junta de San Salvador propuso enviar una comitiva a Washington para negociar una anexión de esta provincia a los Estados Unidos, hecho que por supuesto nunca ocurrió.

Filísola tomó San Salvador en febrero de 1823, pero Agustín de Iturbide renunció como emperador de México un mes después. Fue entonces que Filísola facilitó la formación de un Congreso Constituyente presidido por José Matías Delgado para la creación de la Federación en junio de 1823, que entonces se llamó Provincias Unidas de Centro América2.

Según la Dra. Teresa García Giráldez los acontecimientos políticos de la independencia, la anexión a México y el surgimiento de la Federación provocaron un interesante debate intelectual “sobre la construcción de la nación centroamericana”, especialmente entre pensadores como José Cecilio del Valle (1777-1834), Pedro Molina (1777-1854) y Antonio Batres Jáuregui (1847-1929)3

Los tres autores pertenecían a las élites criollas que retuvieron el poder político después de la independencia; pero que no sabían con claridad qué tipo de nación construir. En medio del debate, prevalecieron las instituciones y leyes coloniales, así como los imaginarios que impidieron transformar la sociedad y hacerla realmente independiente.

La independencia ilusoria4, la efímera anexión a México y la Federación fracasada son hechos históricos en los cuales Valle, Molina y Jáuregui jugaron un rol importante, proponiendo y divulgando lo que cada uno de ellos consideraba como el mejor proyecto.

“La patria y la nación que proyectaban Valle y Molina eran todavía ilustradas, mientras que la de Batres Jáuregui estaba ya impregnada de las ideas raciales, con pretensión científica de los positivistas del último cuarto de siglo y que resurgen a mediados del siglo XX…”.5

Han pasado ya dos siglos desde el intento de anexión a México, fuerzas centrípetas y centrífugas fueron configurando en el tiempo y en el espacio los Estados independientes que en la actualidad se aglutinan en el Sistema de Integración Centroamericana (SICA).

Actualmente podemos hablar del derecho comunitario centroamericano, que se origina con el Protocolo de Tegucigalpa6, en un proceso pacífico y voluntario, liderado por los Presidentes. Al grupo inicial de los Estados del SICA que incluye a Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá, se han sumado más recientemente otros Estados como Belice y República Dominicana. Mucho se ha avanzado y mucho hace falta por avanzar en cuanto al desarrollo de la tan anhelada Patria Grande.

¿Cómo sería nuestra actualidad si la anexión con México hubiese funcionado? Nunca lo sabremos, porque los hubiera o hubiese no existen. La historia simplemente es la suma de acontecimientos que objetivamente marcan una línea de evolución en el tiempo, en un contexto geográfico determinado.

Los problemas sociales actuales como la migración y la violencia social (ambos agravados por el narcotráfico) deberían hacernos ver hacia el norte, deberían acercarnos al hermano mayor que es México. Hace dos siglos superamos la posibilidad de ser absorbidos y subsumidos a un imperio que fue efímero, pero eso condicionó una separación que nos ha hecho más mal que bien. Además de la pérdida de Chiapas también hay que lamentarse de este distanciamiento que ahora nos perjudica. Ahora México tiene un vecino más importante en el norte, con quien cuida mejor sus relaciones internacionales.

Para bien o para mal, las fuerzas centrífugas se impusieron a las fuerzas centrípetas en Centroamérica, los caudillismos e intereses locales nos dividieron por un largo período. Es hasta hace un par de décadas, que la realidad ha obligado a los centroamericanos a retomar el sendero de la integración, fortaleciendo tímidamente los lazos que nunca debieron romperse.

¡Cuánta falta hacen ideólogos como Valle, Molina y Jáuregui! Podemos ahora con mente fría criticarlos y decir lo mucho que se equivocaron, que pertenecían a las élites criollas y que querían conservar sus privilegios. Pero no podremos decir que sin ellos seríamos lo que ahora somos.

¡Cuánta falta hacen las redes de intelectuales como Wyld Ospina, Fernando Juárez Muñoz y Alberto Masferrer! Y tantos otros, quienes casi un siglo después, alrededor de 1920, contribuyeron e influyeron grandemente en el imaginario o conciencia colectiva de Centroamérica. A pesar de las dictaduras y los regímenes autoritarios del último siglo, sus ideas han influido a las generaciones posteriores. Probablemente por eso estamos ahora impulsando la integración. El poder de las ideas y su difusión es enorme, más de lo que podríamos imaginar.

Los antagonismos solamente deben continuar en el fútbol, porque anotarle un gol y ganarle el partido al hermano mayor siempre resulta placentero. Para todo lo demás, debemos mirar hacia México, debemos acercarnos como bloque y encontrar soluciones conjuntas a nuestros problemas de migración, violencia y narcotráfico. El SICA puede hacerlo eficazmente, el requisito indispensable es creer en el sistema y someternos todos al derecho comunitario. Tal vez el destino de Mesoamérica sea permanecer unida.

David Rodríguez-Araujo

Columnista de Radio Vozs

San Salvador, 5 de enero de 2022.

Notas:

1. Enciclopedia de El Salvador, Tomo 2, Editorial Océano. España, p. 247.

2. Ibidem., pp. 247-248.

3. Teresa García Giráldez “El debate sobre la nación y sus formas en el pensamiento político centroamericano del siglo XIX” en “Las redes intelectuales centroamericanas: un siglo de imaginarios nacionales (1820-1920)” Guatemala 1ª. Reimpresión octubre de 2009, p. 16.

4. Instituto Gallach. Historia Universal, Siglo XX, Tomo 9, Latinoamérica entre 1900 y 1945 p. 3652.

5. Teresa García Giráldez “El debate … p. 16.

6. César Ernesto Salazar Grande. El Protocolo de Tegucigalpa: Tratado Marco del Sistema de la Integración Centroamericana. 1ª. Edición San Salvador, El Salvador Editorial Orbi.iure, 2014, p. 62-63.