Luego de dos años de suspensión por la pandemia de Covid-19, vuelven las fiestas patronales de San Salvador en honor al Divino Salvador del Mundo, considerada como la celebración religiosa más importantes del país, que incluye la tradicional “Bajada” o Transfiguración de Jesús en el Monte Tabor, ante sus apóstoles Pedro, Santiago y Juan, así como la solemne misa patronal en el atrio de Catedral Metropolitana. En tal sentido los tecleños han vivenciado por años dicha festividad de una manera particular, lo que a continuación describo.

A pesar de no ser su fiesta titular; los ciudadanos tecleños ha tenido la costumbre de participar activamente de ella, según datos históricos, ya que, sus habitantes gustan, de asistir con alguna frecuencia al campo de feria; en la década del 70 a los terrenos que ocupa el Colegio de Altos Estudios Estratégicos de la Fuerza Armada, en los 80’s al predio de Don Rúa y últimamente en las canchas externas del Estadio Cuscatlán.

En Santa Tecla se desarrolló dicha festividad de forma indirecta con una solemne eucaristía 6 de agosto, así como una procesión al Santo Patrono, en diciembre y no en agosto como es la costumbre; en parte por lo copioso de la lluvia, se dice que fue el padre Gabriel Rodríguez (+), expárroco de la Iglesia Inmaculada Concepción, quien inició tal tradición en la década del 60 con una pequeña “Transfiguración” frente a las instalaciones del excuartel, hoy Academia Nacional de Seguridad Pública, la que debido al fallo en el sistema de palancas de la carroza, no pudo concluirse de manera exitosa, dificultando que la imagen apareciera transformada.

Posteriormente el presbítero Manuel Andrés Alvarenga (+), continuó la usanza trasladándola a diciembre bajo la denominación del Divino Salvador del Mundo en su natividad. A inicios de los 80’s el sacerdote Uberto Calderón (+), realizó dicho sacramental en los meses de diciembre, en 1988 su sucesor Monseñor Rogelio Esquivel, lo promovió durante agosto con el apoyo del artesano tecleño José Luís Rodríguez (+), quien fue especialista en la elaboración de carrozas alusivas a tal acontecimiento, siendo responsable de dar vida a la representación sacra.

En la memoria de los tecleños, se rememora la ocasión en la que José Rodríguez, instaló la imagen del “Colocho” cariñosamente así llamado por los salvadoreños, a bordo de una barca, que era resguardada por ángeles, con la leyenda “Señor, sálvanos que perecemos”, la que en más de alguna ocasión tuvo que soportar bíblicos aguaceros durante su recorrido.

No puede dejar de mencionarse el valioso aporte en esta celebración, por parte de don Manuel Peña (+), destacado menestral en la elaboración de altares al Sagrado Corazón de Jesús, entre otros, dicha tradición religiosa llegó a su fin en 1995 en la Ciudad de Santa Tecla, por lo que hoy es solo parte del legado cultural y religioso de este municipio.

En tal sentido, es necesario no olvidar el verdadero significado de estas fiestas, a transfigurarnos permanentemente en la que prevalezca el respeto hacia los demás, por construir una sociedad más justa y humana para todos, sin distinciones ni exclusiones de ninguna clase, en torno a la figura de Jesús Transfigurado.

Una atenta invitación y exhortación a la vez a los capitalinos y público en general a celebrar responsablemente estas fiestas, acatando las medidas de bioseguridad ya conocidas, evitando con ello contagios no deseados ¡Felicidades capitalinos!

 

Marlon Chicas

Columnista EC